Infinite

Desmadejando los hilos rojos y 20 coronas checas

Los ilusos, como nosotros, pensamos que el simple hecho de escribir un montón de entradas sobre un cambio de vida o decirlo en voz alta provocará que las circunstancias sean diferentes de un día para otro. Porque sí, lo harán ellas solas. Igual que cuando decides dejar de fumar y esperas que, por ciencia infusa, tu cuerpo abandone la intoxicación adictiva sin protestar y no interfiera en el proceso y todo sea sencillo. Eso no ocurre salvo contadísimas excepciones (como que se te quite el mono de nicotina porque tus pulmones deciden una bronquitis y basta ya).

Algo estaba mal y no sabía qué, sólo sabía que ya no era suficiente el blog, que lo tenía abandonado, que algo debía cambiar pero sin tener claro cómo, ni esquemas ni planes exactos. Cuidado con lo que pides: las circunstancias llegan solas y te dan una patada en el estómago. Y del dolor te caes al suelo. Y un camión aprovecha para pasarte por encima también. Después es tu turno para reaccionar, eso pasa por pedir.


Así las circunstancias se han amontonado en tropel durante los inicios de la primavera y todo este espacio de silencio. Días continuos de sol, calle, paseos, reecontrarse con unos y encontrarse con otros, sufrir y superar el duelo, y el Duelo, saber lo que no quería saber, enfrentarse a las sombras. Música, mar, poetas que vienen a dar conciertos. Ya le gustaría a Dylan algo parecido, que sonara bien sobre el papel y con música más. 

No conocía de nada a Rase Tapándari pero la empatía surgió por la condición de otro andaluz emigrante, este sí más típico (hacia Barcelona). Y por un libro-disco con un certero poema titulado Un mundo feliz (vosotros) que hablaba, por supuesto, citando a Huxley. No voy a explicar por mil millónesima vez que mi apellido literario Bernard es por Bernard Marx, protagonista de Un mundo feliz. Y el micro abierto a la abultada concurrencia.

Una costumbre (quizá mala) que tenemos, con tanto micro abierto los miércoles, es leer los poemas de otro porque los tuyos ya dan pereza, o son horribles ese día o son los mismos de siempre que están en el libro y no hay nada nuevo. Intercambié letras con uno de los organizadores y en su voz las palabras sonaban distinto. 

En el siguiente hueco de participación, como gesto socorrido, elegir al azar un poema del libro que acababa de conocer. A Tapándari no se le ocurrió otra cosa que tocar-recitar-cantar esas mismas líneas. Lo único que consiguió la coincidencia fue que comprara el libro con los ojos cerrados.


Rase Tapándari haciendo de Rase Tapándari


Sara M. Bernard haciendo de Sara M. Bernard (leyendo a Fabrizzio)

En la noche acabamos llevando al invitado a un bar tranquilo, con una puerta colapsada por reencuentros, fumadores y la luna que nos miraba desde un callejón lateral. Sentada en la acera, intentaban contarme la historia del reencuentro, de amores perdidos y encontrados, correr por las calles de Granada huyendo para encontrarse, pero enmudecimos todos porque el otro nombre protagonista era mencionado en alto por dos borrachos vecinos; hablaban sobre la jefa, el mismo nombre. Qué fuerte. En el bordillo, al encender otro cigarro, encontré un hilo rojo abandonado. Esto sí que es fuerte, mira lo que me he encontrado. 

¿Cómo se puede deslíar la madeja? preguntaba. ¿Y cuál es el truco para no desesperar?
Tirando. Hasta que el hilo se parta. Y eso va a doler.
Hasta que se deslíe todo con la respuesta.
Aunque la respuesta no la quieras saber, o la sabías pero no querías saberla, o querías saberla en alto para enfadarte gratis y tener un motivo más por el que reaccionar. 

Aunque la respuesta ya la sabía, otra vez para que hicieran un segundo Alabanza, un no de ti (pero sí de otra). 

Y darte cuenta de que ya te has acostumbrado. Tanto como para seguir tirando del hilo hasta que se rompa.

Tanto como para ser consciente del Duelo que estaba interrumpido por un duelo secundario sin importancia. El Duelo de pasar a la acción en vez de esperar que las acciones te pasen por encima.

Y mientras tanto, el autor de Alabanza lee la biografía "definitiva" de entre las biografías definitivas de Kafka y me regalan una moneda de curso legal, 20 coronas checas, 0,75€, y me convierto en un personaje literario, leve trasunto parcial en Avery Jones de Francisco Baena, y la moneda es más grande que los euros y dorada, con la que debería recordar: tu meta es un viaje a Praga en julio para el aniversario de un muerto, con un libro bajo el brazo.

O más sencillo: el último año ha sido un intento de perder la fe para huir hacia el sitio equivocado.
Recupera la de hace 20 años.
Ya no me extrañan los círculos temporales.
28 · FEB - 17 · MAY 1997
28 · FEB - 17 · MAY 2017

GRACIAS




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